Estoy enloqueciendo
por tu fragancia de mujer impenetrable,
oscura, misteriosa.
Atrapado por tus ojos que me llaman,
a la vez que tus manos me rechazan.
Maldigo tu encanto mientras canto
bajo el balcón inalcanzable de tu compasión.
Ya déjeme ir mujer,
Tú no me quieres nada.
¿ Para que llamas mi nombre si cuando respondo sólo
me haces perder el tiempo en el vacío de tu
indiferencia?
¿ Por qué recorre mi nombre el espacio temporal entre
tu voz y tus labios, si en realidad no está escrito en las
paredes de tu comprensión?
¿ Qué es para ti mi nombre cuando mis palabras no
llegan más allá del umbral de tus oídos?
Quédate allí, no digas nada,
mientras me alejo; déjame escuchar el sonido de mis
pasos, necesito oírlo para convencerme a mí mismo de
que te dejo.
- Anónimo -


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