Extinguido tu amor, seca la fuente
donde apagué mi sed, ya nada quiero,
ni nada busco ya, ni nada espero
ni a nadie vuelvo la cansada frente.
Sangre en el corazón, fuego en la mente,
luz en la noche y agua en el sendero,
todo eso fuiste en la jornada, pero...
fuiste también lo efímero y ausente!
Un ácido fatal quemó los gonces
de mi ensueño y el tuyo, y desde entonces
igual que sombra entre las sobras yerro.
Y te miro a lo lejos de mi vida
como una dulce patria, ya perdida
por la que gimo y lloro en el desierto.
-Carlos Villafañe-


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