¡Es imposible! Cuanto más ansio
el vínculo romper de mi quimera,
más de mi tu recuerdo se apodera
y te busco y te sigo a pesar mío.
Ya eres dueña de todo mi albedrío,
y tiembla tu pupila traicionera
cuando se goza en inflamar la hoguera
donde la culpa de adorarte expío.
Si de tus ojos la esperanza imploro,
de tus desdenes el embate recio,
¡ay! tu hermosura y mi pasión deploro.
¡Y no sé al contemplar tu orgullo necio
si vivir repitiendo que te adoro
o hacerte imaginar que te desprecio!
-Eduardo Ortega-


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